El radicalismo pujó por lugares en el gabinete y desató una interna feroz

Las negociaciones con el radicalismo por tres ministerios incluyeron también a Prat-Gay y Lousteau. Cómo terció Macri. Ignacio Ortelli, Clarín.

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Yo no voy a ir a Defensa, no sé nada del tema. Y Rogelio (Frigerio) es un amigo y no quiero su cargo, pero si tengo que participar, en el único lugar que siento que podría aportar algo sería en (el Ministerio del) Interior.

-Si ayuda a la negociación, por supuesto que mi lugar está a disposición.

El diálogo, entre el pope radical Ernesto Sanz y el ministro Frigerio, se dio durante la tarde del domingo en la Quinta de Olivos. No se trató de una charla a solas, ni mucho menos. Del lado del PRO, estaban presentes el jefe de Gabinete Marcos Peña, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, el titular de la Cámara de Diputados Emilio Monzó y el secretario general de la Presidencia Fernando de Andreis. Del otro, escuchaba el grueso de la tropa radical.
Allí, el Gobierno tomó nota de que las incorporaciones de Alfonso Prat-Gay en la Cancillería y de Martín Lousteau en Educación -trazadas para darle volumen político al Gabinete- requerían sí o sí de un acuerdo con Sanz. De ahí que Frigerio fue el primero en poner su cargo a disposición. Monzó avaló la decisión de su amigo, pese a advertir que la coordinación política que tiene el Congreso con el Ejecutivo se vería naturalmente afectada. No sólo con la oposición, sino también con la Coalición Cívica: el enfrentamiento de Elisa Carrió con su socio fundador de Cambiemos es manifiesto.

Larreta y Vidal no pusieron demasiadas objeciones ante el “sacrificio” de Frigerio. Peña, acaso a sabiendas de la valoración que tiene el Presidente sobre el trabajo del ministro de Interior, fue el único que atinó a dejar stand by la oferta, a la espera de una definición del Macri.

“Emilio quiere lo mejor para Rogelio porque es su amigo: quiere que se vaya, que deje de sufrir”, comentó, con sorna, uno de los presentes de la reunión, sorprendido por la postura serena de Monzó.

En ese cuarto intermedio, la comitiva radical se fue de la Quinta de Olivos. ¿A dónde? A la casa de Prat-Gay, para analizar los pasos a seguir. En rigor, para replantear la estrategia que habían trazado el sábado, en charlas telefónicas, cuando acordaron llegar en bloque para garantizar ser escuchados. El presidente del partido -y gobernador de Mendoza- Alfredo Cornejo viajó con su coterráneo Sanz y su par jujeño Gerardo Morales, quien había pasado el fin de semana en su provincia. Mientras, el gobernador correntino Gustavo Valdés arribó con los senadores Luis Naidenoff (Formosa) y Angel Rozas (Chaco). Mario Negri, presidente del interbloque en Diputados, viajó solo, desde Córdoba.

A ellos se acopló Lousteau, que al igual que Prat-Gay duda de volver a ponerse a disposición del Presidente -y postergar su proyecto en la Ciudad, donde Larreta ya decidió darle la interna- por la presencia de Peña. En ese sentido, la incorporación de Sanz, con un lugar de peso en la toma de decisiones, era clave. “Ahora Marcos está debilitado. Pero en unos meses va a recuperarse. Y ellos no querían pasar por lo que ya se sabe…”, graficaron desde el radicalismo.

Pero Macri, que se mostró por primera vez ante el grueso de dirigentes en Olivos luego de ver la goleada de Boca a Vélez, decidió respaldar a Frigerio, quien -en tándem con Monzó- tiene casi cerrado el acuerdo con los gobernadores y legisladores del PJ para aprobar el Presupuesto. Peña no se sorprendió de la decisión de Macri y, al cabo, tampoco puso demasiado esmero para intentar convencerlo de que aceptara el gesto altruista de su ministro: pese a sus diferencias de origen, el jefe de Gabinete valora el perfil componedor del desarrollista, su ascendencia en el peronismo y reconoce que en las últimas horas, mientras otros funcionarios se escondían y operaban por lo bajo para mantener sus cargos, puso la cara en los medios. Además, es histórica la desconfianza de Peña sobre las ambiciones personales de Sanz: no le perdona que en 2016 circuló por los medios que podía reemplazarlo como jefe de Gabinete. Y así se lo hizo saber.

En este contexto, sin Sanz; ni Prat-Gay -y menos aún- Lousteau aceptarían. En el radicalismo, sin embargo, confían en poder convencer al primer ministro de Economía de Macri para que agarre la Cancillería. “No se puede perder una oportunidad así”, rezongan.

Pero en las últimas horas surgió un obstáculo inesperado: Jorge Faurie, pese a lo que había trascendido inicialmente, se resiste a dar un paso al costado, hasta después del G-20. Del lado radical sospechan que lo hace con aval de Peña, quien desde que Faurie asumió en lugar de Susana Malcorra logró manejar la agenda internacional con la intervención del secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo.